16 junio 2013

El Cerro Mauco, guardián del noroeste...

Generalidades


El Cerro Mauco o Cerro Mauco de Aconcagua —para distinguirlo de otro de igual nombre en el cordón de la sierra de Colliguay, en el área de Casablanca, un poco al sureste— es un aventajado punto situado sobre la desembocadura del río Aconcagua y directamente al norte de Santa Rosa de Colmo.

Su elevada mole, perfectamente bien reconocible, se eleva a 726 metros sobre el nivel del mar, dominando todo el paisaje en torno suyo, desde Quintero hasta Reñaca, y aún siendo visible desde los cordones que enmarcan a Quilpué. Su ubicación es 32° 52' 55" Sur y 71° 25' 42" Oeste.

Se trata de un macizo que forma parte de una de las terminaciones occidentales del cordón de la sierra o cordillera de El Melón, y que, entre sus faldeos y quebradas delimita por el sur el lado septentrional del valle del Aconcagua y por el poniente y norte el amplio valle de Puchuncaví.

Se yergue como la mayor altura de este sector del territorio y ostenta en su cima y en sus inmediaciones vestigios y ruinas de construcciones que se atribuyen al período de dominación del Imperio inkaico, aunque pareciera ser que se trata de un lugar que, cuando menos, habría tenido importancia religiosa y social para las poblaciones pikumche.  Las ruinas existentes han sido identificadas con una pukará o fortaleza inkaica y con una waka u observatorio, que se evidencian en las ruinas de pircas que rodean al sombrero del cerro.

De un vistazo general, puede verse que este sitio arqueológico está relacionado con las cumbres vecinas y con los valles circundantes por medio de caminos y senderos que parecen estar directamente relacionados con el Qhápaq Ñan, el Gran Camino, esto es, el Camino del Inka. Al menos se podría tratar de un ramal relacionado con la actividad que se verificó en la pukará-waka de la cima de este cerro.

El Qhápaq Ñan

El Gran Camino, también conocido como Inka Ñan o Camino del Inka, fue la verdadera columna vertebral del Tawantinsuyu. Se trata de una red caminera de más de veintitrés mil kilómetros de extensión que conectaba a los varios centros administrativos, ceremoniales y de producción existentes a lo largo y ancho del Imperio inkaico. El eje principal de esta red es el llamado Camino Real por los cronistas españoles, corre por el pie de monte andino y es el más visible entre Quito y Mendoza. A esta red principal se sumaban otras rutas que corren de norte a sur a lo largo de la costa o a cierta distancia de ella. Pero también existían ramales transversales, que iban desde la costa a la cordillera y unían los dos principales caminos, el de la Costa y el de la Cordillera o de la Sierra.

Obviamente, no puede negarse que el Tawantinsuyu fue capaz de organizar su red caminera a una escala continental y que sus caminos son una invaluable expresión del espíritu organizativo y planificador de la mano de obra disponible y que constituyó un instrumentos clave en la formación y unificación del Imperio, tanto física como organizacionalmente.

Esta red vial es la demostración de un valor universal a gran escala, sin duda alguna. Porque los qhichwas de Qosqo lograron la construcción de esta importante infraestructura, con un carácter unitario, en menos de un siglo, haciéndolo coherente desde el punto de vista funcional, y estableciendo centros adicionales de comercio, intercambio, producción y adoración religiosa, adaptando los sectores de producción a la topografía y al clima de cada piso ecológico que encontraron a lo largo del Camino.

El Qhápaq Ñan también debió expresar su armoniosa relación con su gente y su adaptación al complejo paisaje encontrado a su paso. En la actualidad, el paisaje cultural del Camino del Inka forma un excepcional telón de fondo en donde las culturas andinas continúan transmitiendo un mensaje universal, cual es la habilidad humana para convertir uno de los escenarios geográficos más duros del continente que se pueden hallar en un entorno habitable.

Obviamente que el entorno del cerro Mauco de Aconcagua es absolutamente acogedor y amable, de manera que podía muy bien proporcionar los recursos necesarios para quienes, en la época prehispana y sobre todo en el período del dominio inkaico, debían ascender a la cima de este cerro, por los motivos que fueran.
 

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:
 
 
ENLACES RECOMENDADOS:

Quintero, la Historia de mi Pueblo, en http://www.ualberta.ca/~fvelasqu/qtrohistoria.htm  consultado el 16 de junio de 2013.







17 enero 2013

El Molle es otro mundo...

El Molle es otro mundo, hay que visitarlo para entenderlo, conocerlo y apreciarlo... cuánta historia habrá rodado por sus a veces suaves y otras veces ásperos lomajes y por sus llanadas y por sus quebradas de verdor exuberante... Tres veces he subido a la cima del cerro El Molle. Y en cada una de esas oportunidades he quedado maravillado de sus paisajes, de sus vistas, de sus caminos.


15 setiembre 2011

Tanjalonko, kuraka de Quillota, y sus hijos, señores de Quilpué

Según los cronistas, Tanjalonko (o Trangolonko, y también otras grafías, en mapudungun o “lengua general de Chile”, significaría, “Cabeza Partida” o quizá “Cabeza del Trueno” o “Cabeza del Cruce [del Río]”) era Señor de la mitad inferior del valle del Aconcagua. Fue kuraka o gobernador de la mitad inferior del valle del río Aconcagua y de los valles de Puchuncaví, Limache, Quilpué y Acuyo durante la administración inkaica. Según se ha dicho, su lugar de residencia estaría ubicado en Tabolango, aproximadamente a medio camino entre Quillota y Concón, quizá si inmediato al punto en que el estero de Limache desagua en el río Aconcagua. Michimalonko sería su hermano, y ambos hijos de un poderoso toki pikumche que se opuso al avance de las tropas del Tawantinsuyu, pero que, derrotado, terminó aceptando su dominio sobre sus tierras.


Mapa de la jurisdicción del kuraka Tanjalonko, quien fue designado por la autoridad inkaica como gobernador del valle inferior del Aconcagua, lo que en la práctica equivalía a decir todo el valle del Aconcagua aguas debajo de las puntillas de El Romeral y La Calavera, hasta el mar. Por el norte, el límite estaba constituido por la mitad inferior del cordón de El Melón. Por el oriente, el límite corría, desde el cordón de la Puntilla de La Calavera, por el cordón llamado comúnmente Cordillera de la Costa y que va separando las cuencas del estero de Til-Til y de Puangue de las cuencas de los esteros Limache, Marga-Marga, Casablanca y del Rosario. Al sur, el límite lo constituye un cordón que desprendido desde el cordón anterior se dirige al poniente y forma la cuesta de Ibacache. Por el poniente, el límite de la jurisdicción de Tanjalonko lo constituía el mar, desde aproximadamente la desembocadura del estero de Catapilco (o un cordón un poco más al sur) hasta el cordón que limita por el mediodía la cuenca del estero de El Rosario.

Desde antes de la llegada de Diego de Almagro al país había unido fuerzas con Michimalonko, su hermano o sobrino (según las fuentes), quien era kuraka del valle alto del Aconcagua, para desalojar a las fuerzas inkaicas. El arribo del español Calvo de Barrientos (“el Desorjado”), que vino al sur de los dominios inkaicos acompañado por una ñusta inkaica y un séquito de yanakuna para su servicio personal, proporcionó a los jefes pikunches de Aconcagua noticias pormenorizadas sobre los recientes acontecimientos en el Perú y la derrota del Inka Wásqar por su hermano Attaw Wallpa y la invasión y dominio de los españoles.
Retirado Almagro, los dos kurakas unieron sus fuerzas y reunieron a sus aliados, para finalmente derrotar a la guarnición inkaica y a los aliados del gobernador inkaico, Quilicanta, quien debió replegarse, con los restos de sus fuerzas, a Quliruna, un centro principal inkaico que corresponde a la actual ciudad de Colina, en la Región Metropolitana.
Cuando Pedro de Valdivia llega a Chile, en 1540, no se le menciona, quizá si porque el español y su hueste pasaron muy de prisa por el valle, o por otras razones que se desconocen. Lo cierto es que indudablemente debió entrar en conversaciones con Michimalonko sobre la línea de acción a seguir ante esta nueva invasión.
En 1541 encabezó en Quillota, junto a Chingaymanque, desde la pukará en que se fortificaba, situada en un lugar montuoso, la oposición al dominio español. Asimismo, fue el responsable del primer asalto a los lavaderos de oro de Marga-Marga y la destrucción del bergantín y del astillero que se construía en la desembocadura del estero Marga-Marga, en agosto de 1541. Y seguramente tuvo una importante participación en el ataque a la aldea española de Santiago, el 11 de septiembre de 1541 y en la defensa posterior de la pukará que tenía bien guarnecida en el sector de la Cuesta de Zapata, la cual fue tomada por Valdivia.
En marzo-abril de 1542, luego de construida la Casa Fuerte de Chile o, lo que es lo mismo, la Casa Fuerte de Quillota, situada, según parece, en el valle de Limache, es tomado como rehén y enseguida enviado a Santiago, donde Valdivia ordena cortarle los pies a la mitad, enviándolo luego de vuelta con su gente, como escarmiento.
En 1555 es mencionado como cacique principal de Quillota al ser encomendado en Vicencio del Monte. La última vez que se le menciona como señor del valle es en 1561. Algunos suponen que debió haber muerto por 1564, ya que en ese año su hijo Pedro Guelguelquelen aparece como cacique principal de la encomienda. (Colección de Documentos Inéditos para la Historia de Chile, volumen 11.).
Güelen-Güelen o Güelgüelquelén, cuyo nombre podría significar “Muchas Aflicciones”, aparece en el juicio de 1561 sobre la encomienda de Quillota, y se le considera hijo de Tanjalonko. Tres años después, en 1564, era el “cacique principal” de los indios quillotanos, cuando fue encomendado en Francisco de Irarrázabal. Testificó en 1591 como uno de los dueños de las tierras de Mallaca, vendidas a Rodrigo de Araya para que en ellas se asentasen los indios mapochoes que había trasladado al valle de Quillota para trabajar en sus tierras. (Archivo de la Real Audiencia, 2850.). En adelante ya no aparece mencionado en las fuentes.
Finalmente, Tanjalonko, probablemente como Michimalonko, su hermano, kuraka del valle superior de Aconcagua, se doblegaría ante el peso de los hechos y se sometería al dominio español. Y se le habría reconocido su estatus y propiedades territoriales.
Tanjalonko fue padre de Lebiaronco, conocido con el nombre español de Pedro. Lebearonco o Lebiaronco, quizá si Leve-alongko, cuyo nombre podría significar “Cabeza del Lugar de la Raíz del Cochayuyo”, o “Cabeza del Lugar donde mandan Hilar” o quizá “Cabeza [Jefe] de Edad Regular [o, en los Mejores Años]”, fue un cacique principal de Quillota, hijo de Tanjalonko. Antes de la fundación de Santiago, cuando se exploraban los lavaderos de oro de Marga-Marga, el cronista Vivar señala la existencia de una pukará junto al camino a los lavaderos, bajo el mando de un jefe llamado Leve o Lebo, que podría ser esta misma persona. Hacia 1561 ya había muerto. Antes de esa fecha había ido a Maipo a traer 40 ovejas entregadas al jefe Collumay a cambio de las tierras de Mallaca, inmediatas al sitio de la actual ciudad de Quillota. Fue padre de Joan Cadquitipay y de Esteban, ambos caciques principales de la encomienda, posteriormente. Se casó dos veces, siendo padre primero de esteban y después de Cadquitipay, de otra mujer. Fue dueño por derecho y herencia de las tierras de Queupué (Quilpué), heredadas luego por Cadquitipay. Tuvo otros tres hijos varones después de Cadquitipay, pero era ilegítimos y ya habían muerto para 1597. Su hijo Joan Cadquitipay afirmaba ser dueño de tierras en Quilpué, además del entero valle de Limache. El conquistador Pedro de León, compañero de Valdivia, dice haberle conocido y que fue señor de todas las tierras comprendidas entre la Cuesta de La Dormida hasta Valparaíso y el Árbol Copado (Lo Orozco). Tomás Durán, encomendero en 1610, le conoció como “señor de todo el valle de Limache hasta las Minas de Quillota”, esto es, hasta Marga-Marga. En 1575, su hijo Esteban declaraba que Lebiaronco y sus antepasados habían poseído siempre las tierras de Lliuñere, esto es, Limache, ocupadas en ese momento por Antonio González. (Colección de Documentos Inéditos de la Historia de Chile, volumen 11, Archivo de la Real Audiencia, volúmenes 454, 429, 2850.).
Lebiaronco, a su vez, fue padre de Esteban y de Cadquitipay.
En cuanto a Esteban, de quien se ignora su nombre original, pikumche, de acuerdo a la documentación existente, fue un “cacique principal”, hijo de Lebiaronco, y poseedor de las tierras de Llevínguere (esto es, Limache) y de Lliu-Lliu. En 1575 pleiteó judicialmente por la posesión del valle de Lliuñere (es decir, Limache) con Antonio González, heredero del obispo Rodrigo González Marmolejo, afirmando que era suyo por herencia y ganando el juicio. González debió comprarle las tierras que ocupaba de hecho en la suma de seiscientos pesos oro. Le pagaron doscientos pesos oro en especies y el resto quedó “a censo”, como se estilaba por aquella época. Las tierras que vendió a Antonio González, en efecto, se las pagaron con “ropas de la tierra” y lienzo, además de “una camiseta de paño rojo”. Por el año 1585 declaró en un juicio entre Antonio Núñez y Antonio González por las tierras de Lleu-Lleu y Doille. Su hermano, Cadquitipay, aseguraba en 1610 que su hermano Esteban vendió las tierras de Limache por consejo del licenciado Escobedo, abuelo de su encomendero, Juan de Rivadeneira. Señaló también que tuvo hijos, fallecidos antes de 1610. En esa fecha no tenía descendientes, por lo que Cadquitipay era su único heredero legítimo, ya que Esteban había muerto, aparentemente después de 1594, visto que ese año se firmó una escritura de censo por cuatrocientos pesos a su favor, entregándose ese crédito a Jinebra Justiniano, estanciera del valle de Limache. (Archivo de la Real Audiencia, 429, 454, Es. 9.).
Cadquitipay, quizá si Kalkín-ti-pan[gui], esto es, “El Puma Águila”, fue un “cacique principal” de Quillota, probablemente nacido entre 1540 y 1556, hijo legítimo de Lebiaronco. En 1597 se le considera “cacique principal” de la encomienda cuando vende parte de las tierras heredadas de su padre en el valle de Queupué al presbítero Julián de Landa, un total de cuatro cuadras por unas cuantas varas de paño azul. En 1605 declaró ante el juez de tierras, Ginés de Lillo, sobre los deslindes de los terrenos que vendía “en composición” en el valle de Quillota a su encomendero Rivadeneira, quien las ocupaba ya de hecho. Posteriormente, declaró en el juicio de 1610 entre el presbítero Julián de Landa y Diego Godoy, expresando haber recibido seis varas de paño por las tierras que le vendiera en Quilpué. En ese entonces, aseguraba tener unos setenta años de edad. Por el año 1614 aparece en la matrícula de la encomienda como cacique principal, y dos años más tarde, en 1616, declaraba en el juicio de los indios de Quillota, por las tierras de Mallaca, contra Alonso Álvarez de Berrío. En el tribunal se estimó que por entonces tendría unos sesenta años de edad. (Colección de Documentos Inéditos para la Historia de Chile, 11; Archivo de la Real Audiencia, volúmenes 429, 2850, 584, 454, 2861, 674.).

MERCEDES DE TIERRAS EN EL VALLE DEL ESTERO MARGA-MARGA


Vista del punto en que se unen los esteros Marga-Marga y Quilpué, para dar origen al estero de Viña del Mar.

El valle del estero Marga-Marga fue no solamente la fuente de financiamiento para la primera parte de la Conquista de Chile, sino, también, el germen de la primera población española luego de Santiago, la capital de la Nueva Extremadura. Todo el valle del estero Marga-Marga quedaba dentro de los términos y jurisdicción de Santiago, por lo que fue su Cabildo quien tuvo injerencia en el reparto de mercedes de tierras en el sector.
Uno de los documentos más importantes, sin duda, para comenzar a comprender la verdadera historia de estas tierras es lo acordado en el Cabildo celebrado el 26 de abril de 1547, en que se acordó, principalmente, el otorgamiento de algunas mercedes de tierras en el mencionado valle, de donde ha derivado la historia popular, lo mismo que la oficial, de Quilpué la apropiación de la figura de Rodrigo de Araya, a quien se atribuye no solamente el haber sido dueño de tierras en Quilpué sino el haber sido el verdadero fundador de la ciudad.
La siguiente es una reproducción del acuerdo de ese memorable Cabildo, que se ha tomado de la Colección de Historiadores de Chile y Documentos para la Historia Nacional.

Cabildo de 26 de Abril de 1547

“En la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo, mártes veinte y seis dias del mes de abril de mil e quinientos e cuarenta y siete años, se juntaron a cabildo e ayuntamiento los magníficos señores Joan Fernandez Alderete, e Rodrigo de Araya, alcaldes ordinarios, y Francisco de Aguirre, y Fernando de Villagra, e Gerónimo Alderete, rejidores, e Joan Gomez, alguacil mayor, e así juntos por ante mí Luis de Cartagena, escribano de este su ayuntamiento, acordaron, y mandaron y dijeron lo siguiente:
“Acordóse que para pagar a Pedro de Gamboa, alarife que ha sido de esta ciudad, que se haga una copia de las personas que tienen tierras para sembrar en esta ciudad y sus términos, para lo repartir, e que sea pagado de lo que se le debe. Y cometióse a los señores alcaldes y Francisco de Aguirre, rejidor, para que lo rdenen y repartan como vieren que conviene.
“Nós el concejo, justicia e rejimiento de esta ciudad de Santiago del Nuevo Extremo. Por la presente hacemos merced y damos a vos, Ortun Jerez, vecino de esta ciudad de Santiago, un pedazo de tierra para vuestra estancia y sementeras en el rio arriba de Malga-Malga, arriba de donde sacan oro, por cama de los tambillos que dicen del Inca, sobre la mano izquierda pasado el rio, en una quebrada que entra en el mismo rio de las minas, toda la quebrada en largo, que es desde donde entra el rio de las minas hasta arriba al nacimiento de la quebrada, y de ancho lo que tiene la dicha quebrada, lo cual es el término y jurisdiccion de esta dicha ciudad de Santiago. Y cometémoslo a Rodrigo de Araya, alcalde, y a Gerónimo de Alderete, rejidor, para que os las manden amojonar y dar la posesion de ellas conforme a derecho. La cual dicha merced se os hace con tal aditamiento, que ahora ni de aquí adelante, vos ni vuestros herederos no las podais vender ni enajenar a clérigo, ni a fraile, ni a iglesia, ni a monasterio, ni a otra persona eclsiástica; e si las vendieredes o enajenáredes a las tales personas, que las hayais perdido y perdais, y queden aplicadas para los proprios de esta dicha ciudad. Dada en Santiago del Nuevo Extremo, a veinte y seis dias del mes de abril de mil e quinientos e curenta e siete años.
“Nós el concejo, justicia e rejimiento de esta ciudad de Santiago del Nuevo Extremo de estas provincias de la Nueva Extremadura. Por la presente hacemos merced y damos a Rodrigo de Araya, vecino de esta dicha ciudad, de un pedazo de tierras para su estancia y sementeras, pasto y labor, en el rio de las minas el rio arriba, donde nace el dicho rio, que hace dos brazos y e allí se juntan en las dichas tierras y se hace uno, de allí para arriba, que son en el término y jurisdicción de esta dicha ciudad. Y cometémoslo a Joan Fernandez Alderete y a Gerónimo Alderete, rejidor, para que las señalen y las manden amojonar y dar la posesion de ellas conforme a derecho. La cual dicha merced se le hace con tal aditamiento, que ahora ni de aquí adelante él ni sus herederos no las puedan vender ni enajenar a clérigo, ni a fraile, ni a otra persona eclesiástica. E si las vendiere o enajenare a las tales personas, que las haya perdido y pierda, y queden aplicadas para los bienes proprios de esta dicha ciudad. Dada en Santiago del Nuevo Extremo, a veinte y seis dias del mes de abril de mil e quinientos e cuarenta e siete años.
“Nós el concejo, justicia y rejimiento de esta ciudad de Santiago del Nuevo Extremo. Por la presente hacemos merced y damos a vos, Garcia Hernandez, de un pedazo de tierras para vuestra estancia y sementeras, pasto y labor, en el rio de las minas, junto a los tambos, por cama de ellos, el rio arriba, que es en el término y jurisdicción de esta dicha ciudad; y cometémoslo a Rodrigo de Araya, alcalde, y a Gerónimo Alderete, rejidor, para que os las manden amojonar y dar la posesion de ellas conforme a derecho. La cual dicha merced se os hace con tal aditamento, que ahora ni de aquí adelante vos ni vuestros herederos no las podais vender ni enajenar a clérigo, ni a fraile, ni a iglesia, ni a monasterio, ni a otra persona eclesiástica; e si las vendiéredes o enajenáredes a las tales personas, que las hayais perdido y perdáis, y queden aplicadas para los bienes proprios de esta dicha ciudad. Dada en Santiago del Nuevo Extremo, a veinte y seis dias del mes de abril, año de mil e quinientos e cuarenta e siete años.
“Nós el concejo, justicia e rejimiento de esta ciudad de Santiago del Nuevo Extremo de estas provincias de la Nueva Extremadura. Por la presente damos a vos, Francisco de Riberos, vecino de esta dicha ciudad, de un pedazo de tierras para vuestra estancia y sementeras, pasto y labor, en el rio de las minas el rio arriba, ácia donde nace el dicho rio, al cabo de las tierras y estancia que tiene Rodrigo de Araya, vecino de esta ciudad. Y cometémoslo a Rodrigo de Araya, alcalde, e a Gerónimo Alderete, rejidor, para que os las manden señalar y dar la posesion de ellas conforme a derecho. La cual dicha merced se os hace con tal aditamento, que ahora ni de aquí adelante, vos ni vuestros herederos no las podais vender ni enajenar a clérigo, ni a fraile, ni a iglesia, ni a monasterio, ni a otra persona eclesiástica. E si las vendiere o enajenare a las tales personas, que las haya perdido y pierda, y queden aplicadas para bienes proprios de esta dicha ciudad. Dada en Santiago del Nuevo Extremo, a veinte y seis dias del mes de abril, año de mil e quinientos e cuarenta e siete años.
“Y de cómo lo acordaron y mandaron, e dieron lo contenido en este dicho cabildo, lo firmaron aquí de sus nombres.—Joan Fernandez Alderete.— Rodrigo de Araya.— Francisco de Aguirre.— Joan Gomez.— Gerónimo Alderete.— Francisco de Villagra.— Pasó ante mí Luis de Cartagena.

(Colección de Historiadores de Chile y de Documentos Relativos a la Historia Nacional, tomo I, 1861, páginas 122-124.).

03 noviembre 2010

ARQUEOLOGIA DE CHILE CENTRAL


Ejemplos de cerámica rescatados en sitios excavados de Chile Central.

La arqueología de Chile Central presenta, en la actualidad, una serie de estudios muy bien documentados y que proporcionan una gran cantidad de información, y de una calidad muy superior a trabajos previos conocidos.
Una serie de trabajos que se mencionan aquí sirven para darse una imagen bastante completa de lo que ha sido el desarrollo arqueológico, pero también de las gentes que dejaron esas muestras que hoy en día los especialistas están estudiando cada vez con mayor dedicación y con mucho más recursos que los que tuvieron a su disposición los primeros estudiosos de las antigüedades chilenas.
Así mismo, los resultados que se han obtenido han ido enriqueciendo cada día más los conocimientos que se tenían de los antiguos habitantes del país.
Quilpué es parte de la Zona Central de Chile y es por eso que estos estudios continúan siendo de vital importancia, a la par que ilustran, aunque sea tangencialmente, lo que fue el desarrollo de las comunidades que habitaron el valle.
Como es bien sabido, el valle de Quilpué, en razón de la falta de recursos hídricos, estuvo muy poco poblado y, de acuerdo al testimonio de algunos longo pikunche que fueron testigos de los sucesos históricos anteriores a la conquista española, la mayor parte del valle solamente era útil cuando inviernos lluviosos aseguraban buenos pastos para la primavera, que era cuando, atraídos por los altos pastos, bajaban wanaku al valle, los que eran cazados.
Algunas pocas comunidades, muy pequeñas en sí mismas, se desarrollaron principalmente a lo largo del estero de Quilpué, en puntos donde era posible establecerse y practicar alguna agricultura. Lo mismo ocurrió en unos pocos y aislados puntos del estero Marga-Marga.
La gran importancia que tuvo el valle donde en la actualidad se asientan las comunas de Quilpué y Villa Alemana radicó en la explotación de los lavaderos de oro en ambos esteros que llevó a cabo la administración inkaica y luego bajo la administración española, hasta que finalmente se agotaron y el valle perdió su importancia y arrastró una lánguida existencia como asiento de algunas haciendas agropecuarias de escasa importancia, siendo la más destacada la de Las Palmas, de propiedad, durante mucho tiempo, de los jesuitas, quienes no solamente la explotaban agrícola y ganaderamente, sino que también obtenían algún oro. Las propiedades rurales del valle del estero de Marga-Marga fueron en general pobres y mal desarrolladas, sobre todo debido a la escasez de agua. En la cuenca del estero de Quilpué se desarrollaron algunas explotaciones agropecuarias más o menos exitosas, pero la mayor parte de la riqueza provino de los cultivos de rulo o secano, debido a la misma razón. Todavía es posible ver las huellas de esta explotación en los faldeos de las colinas que limitan al valle por el lado norte. También hubo cultivos de rulo en las tierras intermedias entre las cuencas de ambos esteros. Si bien al principio hubo una variedad de cultivos, a mediados del siglo XIX fueron el trigo, la cebada y otros cereales y algunas legumbres la principal producción local. Pero durante la primera parte del siglo XX lo fue la vid, que también se cultivó de rulo, y de las cuales quedan algunos ejemplos en El Belloto.
Precisamente en Belloto Sur se hizo una operación de salvataje arqueológico, recuperándose valioso material arqueológico desde un enterratorio, y que corresponden al período tardío de la dominación kichwa y los comienzos de la conquista española.
Otros sitios de Quilpué y sus vecindades han proporcionado material lítico (piedras tacitas, piedras horadadas, manos de moler, morteros, puntas de proyectiles) así como cerámica, esqueletos y ajuar mortuorio, todo lo cual ha proporcionado bastante conocimiento acerca de las gentes que antiguamente habitaron este valle, así como las tierras aledañas.
De las actividades desarrolladas en los lavaderos de oro explotados por los kichwas y por los españoles prácticamente no quedan rastros, aunque a fines del siglo XIX todavía se señalaban algunos sitios.
Igualmente, no se han realizado excavaciones en el sitio donde antaño estuvo emplazada San José de Marga-Marga, la primera población española que existió en el valle y que fue capital, en su momento, de la Comuna de Marga-Marga, que formaba parte del Departamento de Casablanca.
De acuerdo a los especialistas, San José de Marga-Marga es el sitio no solamente del primer establecimiento urbano y administrativo español aparte de Santiago, sino que también fue el lugar donde existió un tampu kichwa, probablemente una pukará, un inkawasi o almacén de acopio, así como dependencias administrativas y militares relacionadas con la principal, si no la única, actividad que se desarrollaba en esta área, la extracción de oro desde el estero.
San José de Marga-Marga, un pueblo diseminado sobre la ribera meridional del estero Marga-Marga, arrastró una vida lánguida tras no el agotamiento de la riqueza aurífera del estero sino de la abundancia del oro, y terminó por desaparecer luego de que la comuna fuera eliminada y su territorio anexado a la comuna de Quilpué, del Departamento de Limache.
Para un estudio acerca de la arqueología de Chile Central será de interés seguir los siguientes enlaces, los que si bien mayormente no se refieren directamente a Quilpué, sí proporcionan información acerca de este valle en términos de tiempo y sitios relacionados.


ARCAICO TEMPRANO EN LOS ANDES DE CHILE CENTRAL
Flora Vilches V. y Miguel Saavedra V.

EL ARCAICO EN CERRO LAS CONCHAS: ASENTAMIENTO Y SUBSISTENCIA
Nelson Gaete G., Rodrigo Sánchez R., María Loreto Vargas V., Doris Oliva E. y Salomón Cumsille L.

EL ARCAICO DE LA COMUNA DE LAMPA, CHILE CENTRAL
Donald Jackson S. y Carlos Thomas W.

ANALISIS DE LOS RESTOS OSEOS PROVENIENTES DE LA QUEBRADA MATA GORDA Y FUNDO AGUA AMARILLA, LOS VILOS
Mario Henríquez y Ximena Novoa

ANALISIS COMPARATIVO DE 14 RASGOS METRICOS MANDIBULARES EN POBLACIONES ARQUEOLOGICAS DE CHILE : UNA METODOLOGIA EXPERIMENTAL
Ximena Novoa, Mario Henríquez y Loreto Solé

VALLE HERMOSO: CARACTERISTICAS BIOCULTURALES DE LOS LACTANTES, INFANTES Y SUB-ADULTOS
María Loreto Solé, Jorge Rodríguez y Cristian Becker

EL SITIO ARQUEOLÓGICO EL MERCURIO EN EL CONTEXTO DEL PERIODO ALFARERO TEMPRANO DE CHILE CENTRAL
Fernanda Falabella G.

PRACTICAS MORTUORIAS DURANTE EL AGROALFARERO TEMPRANO. UNA REFLEXION SOBRE SU SIGNIFICADO
M. Antonia Benavente A., Carlos Thomas W. y Rodrigo Sánchez R.

ROSARIO RIO: UN ASENTAMIENTO CERAMICO TEMPRANO EN PEUMO (RIO CACHAPOAL - CHILE CENTRAL)
Iván Cáceres, Catherine Westfall, Pablo Miranda y Carlos Carrasco

ALERO LAS CHILCAS 1: 3.000 AÑOS DE SECUENCIA OCUPACIONAL
Nuriluz Hermosilla O.

¿UN NUEVO GRUPO CULTURAL EN VALLE HERMOSO?
Cristian Becker A., Jorge Rodríguez L. y M. Loreto Solé V.

PALEOECOLOGIA DE MICROMAMIFEROS DE CHILE CENTRAL: LA HISTORIA DE UN EMPOBRECIMIENTO
Javier A. Simonetti

TAFONOMIA DE MICROMAMIFEROS EN ALEROS DE CHILE CENTRAL
Bárabara Saavedra

ARQUEOBOTANICA DE CERRO GRANDE DE LA COMPAÑIA
Jack Rossen

PERIODO ALFARERO EN EL INTERFLUVIO COSTERO PETORCA - QUILIMARI
Hernán Avalos y Jorge Rodríguez

OCUPACIONES ARQUEOLOGICAS DE LA PRECORDILLERA Y CORDILLERA DE LA CUENCA DEL RIO MAULE: UN PANORAMA GENERAL
Lorena Sanhueza, Flora Vilches, Charles Rees, Catherine Westfall y Andrea Seelenfreund

EL PERIODO ALFARERO AL SUR DEL MAULE
Rodrigo Sánchez R. y Nelson Gaete G.

ASENTAMIENTOS CERAMICOS TARDIOS EN EL CURSO MEDIO DEL RIO CACHAPOAL. CHILE CENTRAL
Ivás Cáceres Roque, Catherine Westfall y Francisco Gallardo

ASENTAMIENTO DEL COMPLEJO ACONCAGUA EN EL MANZANO: ESTUDIOS EN UN SITIO AGONICO
Luis E. Cornejo B.

LA CERAMICA ACONCAGUA: MAS ALLA DEL ESTILO
Fernanda Falabella, Alvaro Román, Angel Deza y Eliana Almendras

EL COMPLEJO CULTURAL ACONCAGUA: UNA CONSIDERACION DESDE UN ENFOQUE ESTRUCTURALCarlos Thomas W. y Claudio Massone M.

CONTEXTOS CERAMICOS INCAICOS DE CHILE CENTRAL
Mario Vásquez M.

PERSPECTIVAS DE INVESTIGACION ARQUEOLOGICA A PARTIR DE LOS RESULTADOS DEL ESTUDIO ETNOHISTORICO SISTEMATICO DE UNA REGION DE CHILE CENTRAL
Viviana Manríquez S. y María Teresa Planella O.



Algunos sitios arqueológicos en Chile Central.

14 setiembre 2010

Un Bicentenario que no lo es...


Estamos acostumbrados ya, a fuerza de una machaconería que no parece terminar jamás, a ver el movimiento juntista que se dio en Santiago en 1810 como el inicio de la Independencia nacional, como el hecho pivotal sobre el cual descansa el comienzo de nuestra vida republicana y democrática. La realidad puede darnos un pasmo de narices.
Para 1808, el Imperio español se encontraba en un creciente estado de agitación. La sociedad santiaguina (que es la que en realidad cuenta como la representativa del Reyno de Chile) experimenta un escalofrío generalizado al enterarse de las noticias sobre la invasión de España por parte de los ejércitos de Napoleón Bonaparte y enseguida todo el Reyno se conmociona al enterarse de que Fernando VII, su soberano, ha sido apresado y puesto en cautiverio por Napoleón. Es la época en que Francisco García Carrasco asumía como Gobernador de Chile y sería el último Gobernador del período de la colonia. Sus relaciones con Martínez de Rozas y el escándalo de la fragata Scorpion, donde hubo un asesinato y e suplantó la identidad del Marqués de Larraín, anularon definitivamente la poca autoridad que tenía, obligándolo a renunciar, el 16 de julio de 1810.
El militar más antiguo del Reyno de Chile en esa época era Mateo de Toro Zambrano y Ureta, Conde de la Conquista, por lo que éste debió tomar interinamente el mando.
Para esos entonces, se había propagado fuertemente entre los criollos el movimiento juntista, es decir, el de reemplazar a la Gobernación española por una Junta de notables que conservara el Reyno mientras duraba el cautiverio del Rey.
El gobernador interino Mateo de Toro Zambrano y Ureta, aceptó la convocatoria a un Cabildo. Contrariamente a lo que la mitología nacionalista dice, no fue tan abierto ni menos todavía democrático, porque fue con invitación. La sesión comenzó a las nueve de la mañana del día 18 de septiembre de 1810 y terminó a las tres de la tarde, siendo nombrado presidente de la Junta de Gobierno que se constituyó el mismo Mateo de Toro Zambrano y Ureta, en ese momento gobernador del Reyno, un hombre provecto de 82 años de edad, y quien fue, por lo mismo, el último gobernador realista del período de la Colonia.
El objetivo verdadero de esta Junta de Gobierno no era la independencia de Chile, sino cuidar y mantener la colonia que era el Reyno de Chile en ese entonces, para el Rey, mientras que éste se encontraba prisionero debido a la invasión napoleónica de la Península y la usurpación de su trono por José Bonaparte, rey nombrado por Napoleón.
La esquela de invitación decía: "Para el día 18 del corriente, espera a usted el muy ilustre señor Presidente con el ilustre ayuntamiento en la sala real tribunal del Consulado, a tratar de los medios de seguridad pública, discutiéndose allí qué sistema de gobierno debe adoptarse para conservar siempre estos dominios al señor don Fernando VII". Puesto esto en contexto, de independencia, nada. No fue el tema ni el objetivo. Se trataba de salvaguardar los intereses del rey Fernando VII, prisionero de Bonaparte en esos momentos.
“En la muy Noble ciudad de Santiago a diez y ocho dias del Mez de Septiembre del año de mill ochocientos diez - El Muy Ilustre Señor Presidente y Señores de su Cabildo congregados con todos los Gefes de todas las corporaciones, Prelados de las Comunidades Religiosas, y vecindario Noble de la Capital en la sala del Real Consulado: Dixeron que siendo el principal objeto del Govierno y del Cuerpo representante de la Patria el orden, quietud, y tanquilidad Publica perturvada notablemente en medio de la incertidumbre aserca de las noticias de la Metropoli que producian una divergencia peligrosa en las opiniones de los ciudadanos se habia adoptado el partido de consiliarlas a un punto de unidad combocandolos al Magestuoso congreso en que se hallavan reunidos para consultar la mejor defensa del Reyno y sosiego comun conforme a lo acordado y teniendo a la vista el Decreto de treinta de Abril Escpedido por el Supremo Concejo de Regencia en que se niega toda provicion y audiencia en materia de gracia y justicia quedando solo expedito su despacho en las de Guerra con concideracion a que la misma Regencia con su manifiesto de catorce de Febrero ultimo ha remitido el de la instalacion de la Junta de Cadiz advirtiendo a las Americas que esta podra servir de Modelo a los Pueblos que quieran elegirse un Govierno representativo digno de su confianza y proponiendose que toda la discordia de la capital provenia del deseo de tal establecimiento con el fin de que se examinase y decidiese por todo el Congreso la legitimidad de este negocio: oydo el Procurador General que con la mayor energia expuso las Deciciones legales y que ha este Pueblo asistia las mismas prerrogativas y derechos que a los de España para fixar un Govierno igual especialmente quando no menos que aquellos se halla amenazados de enemigos y de las intrigas que hacen mas peligrosa la distancia nesecitado a precaverlas, y preparar su mejor defenza : con cuios antesedentes penetrado el Muy Ilustre Señor Presidente de los propios conocimientos, y ha exemplo de lo que hizo el Señor Governador de Cadiz; depositó toda su autoridad en el Pueblo para que acordase el Govierno mas digno de su confianza y mas a proposito a la observancia de las Leyes, y conservación de estos Dominios a su legitimo Dueño y desgraciado Monarca el Señor Don Fernando Septimo en este solemne acto todos los Prelados Gefes, y Vecinos tributandole las mas expresivas Gracias por aquel magnanimo desprendimiento, aclamaron con la mayor efucion de su alegria y armoniosa uniformidad que se estableciese una junta presidida [ tarjado ] del mismo Señor Conde de la Conquista en manifestación de la gratitud que merecía a este Generoso Pueblo, que teniendole a su frente se promete el Govierno mas feliz la Paz inalterable y la seguridad permanente del Reyno:.” (Acta del Cabildo de Santiago, 18 de septiembre de 1810. [Se ha conservado la grafía del original.].).
Conviene tener presente que, a diferencia de lo que nos dicen las versiones mitológicas y tergiversadas de la historia de Chile, aquí, en esta cita del Acta del Cabildo, la frase “el pueblo” se refiere única y exclusivamente a los vecinos nobles, es decir, peninsulares y criollos de primera línea, con títulos nobiliarios y con grandes fortunas, las que debían, por supuesto, al modelo político y económico imperante en esos momentos. Lo que ahora se llamaría “el pueblo” no tuvo injerencia alguna en la constitución de la Junta de gobierno de 1810. Por otra parte, la referencia a la ciudad de Santiago “como muy Noble” quiere decir, precisamente, muy leal al Rey, de quien habían derivado todos sus privilegios y títulos.
Pero tampoco la constitución misma de esta primera Junta Nacional de Gobierno es un hecho local, nuevo, inédito ni menos todavía propio. Se estaba siguiendo el modelo impuesto por la “Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII”, constituida en Buenos Aires el 25 de mayo de 1810 tras la destitución del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros como consecuencia de la llamada Revolución de Mayo, y de la Junta establecida en Cádiz, España, con los mismos fines. La influencia del éxito de la constitución de la Junta de Buenos Aires fue un hecho absolutamente gravitante sobre los miembros de la nobleza del Reyno de Chile, y fue lo que les dio el impulso necesario para pronunciarse en este sentido.
En Buenos Aires, como luego en Santiago, la Junta no se presentó como una ruptura con el orden preexistente y una declaración de independencia sino como una continuidad de la soberanía del monarca Fernando VII, prisionero en Francia. El movimiento juntista chileno, como el bonaerense, se basó en la teoría de la retroversión de la soberanía, expuesta por Juan José Castelli en el Cabildo Abierto del 22 de mayo, en Buenos Aires, y el derecho de los pueblos a conferir la autoridad o mando en ausencia del monarca legítimo. En España se habían formado ya Juntas de Gobierno bajo ese mismo principio, que desconocían la autoridad del rey José Bonaparte, impuesto por Napoleón en reemplazo del “Deseado”. Por lo tanto, la Junta de Gobierno desconoció, por el solo hecho de haberse constituido, la autoridad del Consejo de Regencia de España sobre el territorio americano, basándose, por una parte, en su falta de representatividad en lo que respectaba a los territorios americanos de la Corona y, por otra parte, en su falta de legitimidad, ya que el órgano que le había transmitido sus poderes, la Junta Suprema Central, no disponía de las facultades necesarias para hacerlo.
Entonces, el día 18 de septiembre, el Gobernador interino del Reyno, Mateo de Toro Zambrano, hizo destacar las diferentes tropas con que contaba en puntos estratégicos, lo que dio a la ciudad el aspecto inédito de la ocupación militar. La Cañada (actual Alameda) quedó cubierta desde San Diego hasta San Lázaro por el regimiento de la Princesa, al mando de Pedro Prado, con orden de impedir toda entrada al interior de la ciudad. El regimiento del Príncipe, a las órdenes del Marqués de Montepío, fue distribuido en diferentes lugares: tres compañías se colocaron en las cuatro calles que llevaban al Consulado; la compañía veterana de Dragones de la Reina ocupó la cuadra que hay desde el Consulado hasta la Plaza de Armas, teniendo al frente una de milicias del regimiento del Rey, en tanto que las restantes compañías del regimiento del Príncipe se destinaron a custodiar el Cuartel de San Pablo y a patrullar por todas las calles de la ciudad. El regimiento del Rey guarneció toda la Plaza de Armas, y una de sus compañías fue destinada a la Plazuela del Consulado, en cuyo punto estaba Juan Miguel Benavente con su compañía veterana de Dragones de la Frontera, teniendo al frente a Juan de Dios Vial, Comandante General de Armas, y a los dos Ayudantes Mayores de Plaza, quienes impedían toda comunicación y tránsito por aquellos puntos. Las puertas exteriores e interiores del edificio del Consulado tenían centinelas dobles. La tropa tenían orden de sólo permitir la entrada al Consulado a las personas que presentaran la esquela o papel de convite, con entera exclusión de toda clase y signidad. Obviamente, la ciudad estaba sumida, prácticamente, bajo el estado de sitio.
El Gobernador interino, presentó su renuncia al mando del Reyno con estas sencillas palabras: “Aquí está el bastón, disponed de él y del mando.”
En definitiva, y como es bien sabido, Mateo de Toro y Zambrano, presidente, representaba al rey; José Antonio Martínez de Aldunate, vicepresidente de la junta, obispo de Santiago, representaba a la Iglesia; Fernando Márquez de la Plata, Consejero de Indias, primer vocal de la junta, representaba a los europeos juntistas; Juan Martínez de Rozas segundo vocal, representaba a la aristocracia de Concepción; Ignacio de la Carrera, tercer vocal, representaba a la aristocracia de Santiago. Como puede verse, el pueblo, la gente común, para variar, no tuvo ninguna participación en este Cabildo ni en sus decisiones.
Aún cuando continuaba primando el deseo de la aristocracia criolla de conservar la soberanía del Rey, el Cabildo de 1810 fue la primera vez en que tomaba el control de su propio país, experiencia que derivaría, con el tiempo, en una afirmación de sus propios derechos frente a la monarquía española. En ese sentido, no pasó mucho tiempo hasta que sonaran de manera ya decidida arengas patrióticas que incitaran a una radicalización del proceso y una ruptura definitiva con la metrópolis hispana. El llamado a elecciones para un Congreso Nacional, la creación del primer periódico nacional, La Aurora de Chile, y el apoyo de otros movimientos juntistas, sobre todo el de Buenos Aires, que sería decisivamente gravitante, iniciarían una marcha que sólo se detendría unos diez años después con la formación de una entidad nacional independiente y soberana.
En esa oportunidad, como consta del Acta de la sesión, “Todos los cuerpos Militares, Xefes, Prelados, Religiosos, y Vecinos juraron en el mismo acto obediencia y fidelidad a dicha junta instalada asi en nombre del Señor Don Fernando Septimo a quien estara siempre sugeta conservando las autoridades constituidas, y empleados en sus respectivos destinos.”
En efecto, la Junta de “señores Europeos”, como califica José Miguel Infante a los reunidos en el Cabildo, se había instalado en nombre del Rey de España Fernando VII de Borbón y para defender sus derechos hereditarios sojuzgados por Napoleón. Probablemente ese era el deseo sincero de la mayoría de los participantes en la asamblea. En el acta de instalación se presentaba este acto como algo estrictamente legal y permitido, además, por las autoridades que gobernaban en España en nombre del Rey. Los vocales de la nueva Junta, cuando prestaron juramento, lo hicieron señalando “obedecer las antiguas leyes de la monarquía y de defender este reino hasta con la última gota de sangre, de conservarlo al señor Don Fernando VII, a quien debía estar siempre sujeto, de reconocer al supremo concejo de regencia y de mantener las autoridades constituidas y los empleados en su respectivos destinos”.
Todas las actuaciones de la Primera Junta de Gobierno terminaban con juramentos y promesas de lealtad y sometimiento al Rey legítimo y con vivas al Rey.
Fueron las actuaciones de José Miguel Carrera y los exaltados, posteriormente, las que primero trataron de cargar la balanza hacia la ruptura con España y con el Rey y hacia la Independencia nacional.
Desafortunadamente, los ejércitos realistas enviados desde Lima, apoyados por la derecha nacional, lograron que los sueños de la Independencia nacional fueran ahogados en el Desastre de Rancagua, que significó la restitución de la autoridad real y la reinstalación de las instituciones coloniales.
Tuvieron que pasar otros tres años hasta que, en 1817, el Ejército Libertador de los Andes, organizado en Mendoza, capital de Cuyo, por el general José de San Martín, derrotara a las fuerzas realistas y a la derecha nacional, y recomenzara el proceso de independencia nacional a partir de acciones bélicas, las que durante un buen tiempo oscilaron entre el triunfo y la derrota, de la mano de la lealtad de la derecha nacional a la causa del Rey y al Imperio español.
El mito y la leyenda forjados por quienes después dirigieron la vida nacional, dirán otra cosa. Pero los hechos no pueden ser cambiados.
La declaración de la Independencia nacional, ocurrió, en todo caso, el 12 de febrero de 1818, en la ciudad de Talca, y fue proclamada por Bernardo O’Higgins, contrario a lo que deseaba la derecha política de ese momento que, finalmente, le pasaría la cuenta mandándolo al exilio al Perú, del que siempre había dependido Chile.
Entonces, ¿qué es lo que realmente celebramos este 18 de septiembre de 2010? Obviamente no es la Independencia nacional ni mucho menos doscientos años de vida independiente, republicana y democrática. Eso es solamente para contribuir al mito nacionalista con que la gente común ha sido engañada desde hace muchos años, a lo menos desde que la derecha de este país derrocó y exilió a Bernardo O’Higgins.

07 junio 2010

Mal de muchos,… ¿consuelo de tontos?


Mucho se ha hecho a través de la comuna y de las dos ciudades que la conforman, Quilpué y El Belloto. Entre los grandes logros está el hecho indiscutible de que la administración comunal ha tenido éxito en rebajar el elevado porcentaje de calles sin pavimentar que existían y que provocaban no solamente una mala imagen sino serios problemas de salud.
Sin embargo, el gran lunar, el gran punto negro, es el centro de ambas ciudades.
En el caso de El Belloto, el histórico “evento” en la pista sur de la esquina de avenida Freire con Baden Powell. No solamente es un grave problema para los conductores que día a día deben transitar por el lugar sino una vergüenza mayúscula porque habla de una escasa o nula preocupación de la autoridad local por el buen estado de las calles y avenidas de la comuna. Claro, se recordará que hace unos años se “bacheó” con no poco aspavientos; pero apenas reparado, el “evento” volvió a la escena del crimen, manteniéndose contra todos los reclamos en una de las esquinas más emblemáticas de El Belloto, en un punto donde nadie puede decir que no lo ha visto y pocos pueden decir que han tenido éxito en capearlo.
Ni qué hablar del centro de Quilpué. La histórica avenida Portales, el antiguo Camino Troncal, está en pésimas condiciones en lo que respecta a sus veredas. No puede ser que el centro de la ciudad presente esa imagen tan disminuida ante quilpueínos y visitantes. Y esa maraña de cables colgando de postes, y muchos obviamente fuera de servicio, a veces casi arrastrándose por el suelo, no ayuda mucho a lo que debería ser el disfrute del centro de la ciudad.
La realidad es que aparta de un par de cuadras de la calle Claudio Vicuña, pareciera que la autoridad local no considerara a las demás calles como parte del centro de la ciudad, ciudad que no solamente es capital de la comuna, sino de la nueva provincia de Marga-Marga. Aunque los quilpueínos ya parece que hemos aceptado que, aparte de un dudoso prestigio como tal, ello no conlleva beneficios reales y efectivos para las personas.
El estado deplorable del centro de la ciudad ha llevado a muchos visitantes a formarse la idea de que Quilpué es un pueblito rural, no solamente por su aspecto sino por las veredas de tierra que están caracterizando al centro de Quilpué. Y no pocas personas que vienen por primera vez a Quilpué se imaginan, erróneamente por supuesto, que un par de cuadras más allá del centro debe haber potreros y siembras simplemente por la primera impresión que se llevan al descender del bus o al experimentar un poco del centro.
No hay que recordar que Quilpué carece de identidad propia y que sus pocas construcciones históricas y características están en franca retirada, bajo la picota del progreso, como lo fue la estación ferroviaria, la torre del guardagujas, y se ha permitido la construcción de una mole impersonal justo enfrente de la iglesia parroquial, lo que no solamente es un absurdo sino que le resta protagonismo arquitectónico. Y el mojón miliario, que todavía se conserva, por obra y gracia del acaso, necesita ser restaurado. Lo mismo que el arco sobre la vía férrea que conmemora el arco de bizcochuelo que construyeron las bizcochueleras de Quilpué con ocasión del paseo triunfal del Presidente de la República al inaugurarse oficialmente el ferrocarril de Valparaíso a Santiago, allá por la segunda mitad del siglo XIX.
Las calles del centro de la ciudad merecen que se gaste en ellas, tal como lo mereció la Plaza Arturo Prat, la Plaza de Armas de la ciudad.
Ojalá se gastara menos en mediatismo irrelevante y más en mejorar efectivamente el centro de las ciudades de El Belloto y de Quilpué. Los quilpueínos y bellotinos merecen que sus autoridades se preocupen también de estas cosas.


Brus Leguás C.
Quilpué, Mayo de 2010, a ocho años del Bicentenario de la Independencia nacional.

30 abril 2010

LOS ORIGENES DE QUILPUE

Quilpué nace como lugar poblado, en una fecha imposible de determinar, probablemente hacia mediados del siglo XVII o a principios del siglo XVIII, en medio de bosquecillos y tupidos matorrales de espinos, tebos, boldos, pataguas, litres, palmas y quiscos, quizá si en el sitio de un anterior asentamiento pikunche, como fue costumbre de los poblados españoles. Y nació, justamente, en un sector del valle especialmente privilegiado por la pre-existencia de varios monumentos megalíticos actualmente desaparecidos debido a la destrucción que sufrieron desde mediados del siglo XIX. En efecto, cerca de los primeros ranchos de quincha que fueron el núcleo original de Quilpué, había vestigios líticos de gran importancia y que en buena parte fueron conocidos, estudiados y descritos por el doctor Francisco Fonck. Pero ya la construcción del ferrocarril, decenios antes, había significado la destrucción de otros grupos de piedras tacitas cercanas al tendido de la vía férrea, la que necesitaba de piedra para el asentamiento de los rieles.
Indudablemente se trató de unos cuantos ranchos de paredes de quincha embarrada de una o dos habitaciones, con techos pajizos, habitados por gañanes, peones e inquilinos de la ya desaparecida Hacienda de Queupoa o Queupue. Originalmente, hasta la propia casa patronal de la hacienda fue hecha de quinchas y techos de paja, hasta que, finalmente, se reconstruiría en adobones. No se conoce el dueño original de la Hacienda de Quilpué, aunque la mitología local, alimentada por algunos hechos conocidos y adornada al fragor del deseo de un origen heroico, haya dicho que Rodrigo de Araya, a quien el Cabildo de Santiago otorgó algunas tierras junto al estero Marga-Marga, fue su primer propietario y hasta que levantó casas en Quilpué y que, afinando aún más el mito, esa primera construcción estuviera donde hoy se encuentra la Casa Consistorial de Quilpué.
Nada más alejado de la realidad. En realidad, a Rodrigo de Araya se le asignaron unas tierras, junto a otros asignatarios, cerca o junto al estero donde se explotaban los lavaderos de oro.


Un rancho de a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Un buen ejemplo de lo que eran la mayoría de las viviendas durante el siglo XIX y que en los campos se vió hasta bien avanzado el siglo XX.

Al decir de testigos en un juicio entablada algún tiempo más tarde del inicio de la Colonia, las tierras de Quilpué, esto es, del sector del valle que conforma la hoya del estero de Quilpué (y diferente del estero Marga-Marga) eran mayormente tierras estériles, yermas y abandonadas, sin ningún valor real y efectivo debido a la carencia de agua para el regadío de alguna siembra que permitiera el establecimiento formal de personas. Solamente era útil en la primavera, siempre y cuando un buen invierno asegurara la existencia de los pastos necesarios para que bajaran wanaku desde las serranías circundantes, en cuyo caso los pikunche de los valles cercanos de Limache y Quillota venían a cazarlos.
Esa realidad se puede palpar hasta el día de hoy, porque es bien sabido que no existe ningún canal de regadío en el entero valle del estero de Quilpué. Tampoco existe canal de riego alguno en el valle del estero Marga-Marga. Y, como es bien sabido, desde tiempos de la dominación qhichwa, los lavaderos de oro del Marga-Marga eran abastecidos de todo lo necesario, desde maíz hasta vestuario, desde el valle de Quillota (que incluía el valle de Limache).
Los territorios originalmente bajo la administración del kuraka Tanjalonko (hermano o sobrino de Michimalonko, kuraka del valle superior del Aconcagua), fueron auto adjudicados por Pedro de Valdivia, con los cuales formó la extensa Estancia de Quillota, la que abarcaba los territorios de los valles de Puchuncaví, del Aconcagua inferior (aguas abajo de la Puntilla del Romero y la Puntilla de La Calavera), de Limache, de Marga-Marga y de Acuyo (Casablanca), hasta la Cuesta de Ibacache y el estero del Rosario. En Marga-Marga solamente se realizaron las actividades de lavado de oro en el estero; en el valle de Acuyo puso ganado y desde el valle de Quillota (Aconcagua inferior) obtenía los suministros para abastecer a quienes trabajaban en los lavaderos de oro de Marga-Marga.
Ninguna agricultura se menciona en el valle de los esteros Marga-Marga y de Quilpué, salvo, quizá, una pequeña agricultura de subsistencia que debió verificarse en los terrenos susceptibles de ser cultivados en los sectores de Paso Hondo, El Retiro y Chircana, así como en Los Perales y algunas áreas vecinas. Los principales productos de la tierra serían el maíz y el poroto pallar. Los españoles introducirían el trigo y las viñas de secano. Con el tiempo, se produciría una mayor diversidad agrícola en ciertos terrenos más aptos que la generalidad, principalmente a orillas de los esteros y de algunas quebradas y vertientes perennes.
Hacia mediados del siglo XIX, las principales aldeas o caseríos que existían en el valle eran San José de Marga-Marga, cabecera de todo el valle del estero homónimo; Paso Hondo, Quilpué, El Sauce y Chircana. Un camino bastante precario unía estos últimos cuatro caseríos. El camino venía desde las Siete Hermanas, por la orilla meridional del estero, subiendo hasta la altura de la quebrada de El Olivar. Aquí atravesaba el estero y seguidamente entraba en tierras de la Hacienda de la Viña de la Mar, ascendiendo por la quebrada de El Olivar hasta trasponer el portezuelo de Los Aromos, y descendiendo enseguida por la quebrada de El Rebaño, pasando por enfrente de las casas y bajando al estero de Quilpué, para salir de la hacienda a través del vado de Paso Hondo, y dejando atrás el caserío, remontaba por el faldeo empinado de la ribera oriental del estero, ya en tierras de la Hacienda de Quilpué. Seguía hacia el interior, con los rulos de secano a ambos lados y enfrente, a la izquierda, el verdegueante espectáculo de las viñas y otras siembras en los terrenos inclinados inmediatos al estero. El camino pasaba a la derecha del caserío de Quilpué, virando desde la actual avenida Los Carrera hacia la avenida Portales y enfilando enseguida, luego de pasar la Capilla, en dirección este-noreste, por lo que es la actual avenida Freire, hasta El Alto de Quilpué, portezuelo que salvaba y descendía luego hacia unos tupidos matorrales y bosquecillos que cubrían las riberas de la quebrada de Lo Gamboa, desde cuyo fondo el camino comenzaba a subir hacia la llanada que se va inclinando hacia el este. Pasado el lugarejo de El Sauce, estaba a la vista Chircana, con sus ranchos de quincha de chilcas sin revoque y techos pajizos, en medio de matorrales de espinos y algunos pequeños terrenos cultivados que dependían más que nada de las lluvias. El camino continuaba hacia el interior hasta alcanzar el portezuelo de Lebo, desde el cual bajaba a través del Cajón del mismo nombre hacia Queronque, en el valle de Limache, donde aparentemente, antaño, estuvo la Casa Fuerte de Chile o Casa Fuerte de Quillota, que Valdivia mandó construir para controlar a la población aborigen de Tanjalonko, demasiado levantisca para dejarla por las suyas. Este era el Camino Real. Un nombre demasiado pomposo para lo que era esta vía hasta mediados del siglo XIX, cuando no era mucho más que un camino de herradura, por lo dificultoso de practicarlo para los viajeros que se veían obligados a utilizarlo. Los viajeros que venían o iban desde o hacia Valparaíso desde o hacia Quillota, el Norte o el interior del valle del río Aconcagua, preferían usar el Camino Real de Quillota, que desde las Siete Hermanas pasaba a la Hacienda de la Viña de la Mar y desde ahí avanzaba a través de la actual calle Quillota y subía por el cerro Santa Inés hasta Gómez Carreño, continuando a Reñaca y desde ahí al valle del Aconcagua, lo que era mucho más cómodo y era incluso utilizable por carretas.


Un ejemplo de vivienda rural típica para fines del siglo XIX. Estas viviendas fueron las comunes tanto en los campos como en los pequeños pueblos durante la mayor parte del siglo XIX.

Para mediados del siglo XIX, Queupoa no pasa del medio millar de habitantes.
Por otra parte, el Camino Real antes señalado, desde la Hacienda de las Siete Hermanas hasta el valle de Limache, inmediato al caserío de Queupue o Quilpué, se dividía, donde ahora está el crucero de las avenidas Blanco, Freire y Portales, y subía por la actual avenida Blanco para luego tomar en dirección hacia el valle del Marga-Marga. Para evitar lo difícil de la parte alta de la actual avenida Blanco, algunos carreteros conducían sus vehículos un poco más al norte, por la quebrada de Lo Gamboa, y tomaban el Camino Real desde dicha quebrada, bajando por lo que ahora es la avenida Freire.
Con el tiempo, y a mediados del siglo XIX, los asaltos a las carretas y a muchos viajeros solitarios en la hondonada de la quebrada de Los Gamboa, hizo que el tráfico proveniente de Marga-Marga y de Colliguay y Casablanca retomara principalmente el camino que bajaba a Quilpué a través de la actual avenida Blanco.
El bandidaje centrado en el paso de la quebrada de Lo Gamboa, sin embargo, hizo que los viajeros y carreteros tomaran precauciones y no se arriesgaran a cruzar por este lugar al atardecer ni menos por la noche. Los resguardos se limitaban a acompañar a las diligencias y a las carretas hasta que atravesaran la quebrada de Los Gamboa en dirección al interior.
El ferrocarril no solamente significó progreso y un nuevo y sostenido impulso al transporte de mercaderías, ganado y pasajeros desde y hacia el interior. También provocó una caída ostensible en el tráfico carretero, lo que hizo, además, que desapareciera todo bandidaje en el área debido a que la mayor parte de la gente que transportaba valores o mercaderías ahora prefería usar el tren, debido a la seguridad y rapidez. Lo mismo en el caso de los pasajeros. El tráfico carretero se limitó, durante mucho tiempo, al relacionado con las necesidades locales.
Ni que decir que el impulso al progreso y desarrollo se debe a la visión del ingeniero inglés Allan Campbell, quien consideró que el trazado original por Reñaca y Concón adolecía de muchos problemas para su implementación y mantención, en tanto que por la quebrada del estero de Quilpué iba a significar réditos a la brevedad, en el momento mismo en que las vías quedaran instaladas y se abrieran las estaciones necesarias.
El progreso y desarrollo de Quilpué vino de la mano con la construcción del ferrocarril durante la segunda mitad del siglo XIX. El ferrocarril fue el que le dio al viejo, soñoliento y olvidado caserío de Queupoa el desarrollo urbano, comercial e industrial, configurando una sólida economía local, además de servir de nexo a los mercados locales. La línea férrea, a pesar de pasar por en medio de la ciudad, no significó una división en sí sino que, más bien, fue el elemento aglutinador de caseríos y mercados, teniendo la posibilidad de tener una comunicación constante con el primer puerto de la República de entonces, Valparaíso. Y fue así como en torno al ferrocarril, que fue el eje del progreso y sostenimiento de la población y de sus actividades económicas, el caserío rápidamente se transformó en una aldea y ésta en una villa, que antes de terminar el siglo mereció que el Gobierno le otorgara el título de ciudad.
En cuanto a la economía local, Benjamín Vicuña Mackenna escribió que la estación de Quilpué se alimentaba “con los productos caseros que traen a Valparaiso de todos los contrafuertes del gran reducto central que separa el valle de Santiago de el de Limache. El romántico e inexpugnable Colliguay con todos sus espolones i quebradas; las ricas uvas de Lepe, cuyo cajón cae a Curacaví; el carbon de su olorosa madera (el colliguay); los pocos cerales del Retiro i de las hijuelas colindantes, i especialmente los frutos de los ocho fundos de la antigua hacienda de Malga-Malga: hé aquí los principales centros comerciales que alimentan este paradero, al parecer insignificantes. En cambio, los Arayas i los Valencias tienen cada uno su bodegon para surtir aquellos mismos parajes montañosos.”
Quilpué tuvo su polo de desarrollo en lo que es el ferrocarril durante el resto del siglo XIX, debido a que era un punto estratégico, de encuentro, entre dos polos principales de desarrollo y progreso, como lo eran, sin duda alguna, Valparaíso y Santiago. Y sería esta conectividad el punto esencial de Quilpué. No obstante, lo que tiene que evidenciarse y dejar en claro es que Quilpué, como producto de una conectividad, va adquiriendo un dinamismo demográfico y económico durante el transcurso del siglo XIX (en especial desde la llegada del ferrocarril) que le llevará a experimentar una verdadera explosión demográfica, protagonizada sobre todo por una enorme inmigración, creando primero la figura de una ciudad-dormitorio —que hasta la actualidad no puede superar— dependiente de las ciudades vecinas de Viña del Mar y Valparaíso, que es donde trabaja y se desempeña la mayoría de los quilpueínos. El desarrollo demográfico, comercial, comunicacional e inmobiliario de Quilpué ha sido fundamental para que se convierta, actualmente, en la flamante capital de la Provincia de Marga-Marga.
Y es, desde todo punto de vista, el ferrocarril lo que ha generado y promovido el desarrollo que la ciudad y la comuna de Quilpué, como un todo, han experimentado hasta la actualidad. Aunque el ferrocarril ya no tenga la misma importancia que tuvo en el siglo XIX o durante las primeras siete décadas del siglo XX, la semilla germinó al punto de dar lugar al nacimiento de un polo de desarrollo demográfico, comercial, industrial, inmobiliario y comunicacional que ya no puede ser detenido. Es por ello que se debe reivindicar al ferrocarril como el agente principal del desarrollo de la ciudad y de la comuna durante la segunda mitad del siglo XIX y casi todo el siglo XX.
En la actualidad, el ferrocarril —pomposa, cursi y siúticamente llamado “metro”, lo que es un error desde todo punto de vista, ya que no pasa de ser un ferrocarril con unas cuantas estaciones— es solamente otro sistema de transporte y comunicaciones, siendo preferidos, nuevamente, las comunicaciones y el transporte por carreteras, incluso entre las ciudades y localidades que conforman la nueva Provincia de Marga-Marga.